Durante 500 años, nuestros conocimientos de los Pueblos Originarios Andinos han sido menospreciados, nuestras Ciencias Sagradas imputadas de paganismo e idolatría, nuestros adelantos tecnológicos destruidos y las evidencias que sobrevivieron son aún negadas. La historia fue escrita por el Hermano invasor.
Si bien los conocimientos relacionados a la Cosmovivencia y al Desarrollo de la Espiritualidad en el Mundo Andino, estuvieron siempre a la vista y alcance de todos, muy pocos lograron acceder a la develación de los mismos. Hasta hace poco tiempo, dichos Saberes, estaban preservados por los Hamawt’akuna en absoluto hermetismo. Durante 500 años, sólo lo transmitieron de boca a oído a los aprendices (futuros trasmisores) cuidadosamente elegidos, para preservar la pureza de los conocimientos.
En el esplendor del Mundo Andino, la comunicación a distancia se hacía con el Chaskiq, hombre que, corriendo, atravesaba los accidentes geográficos para llevar un mensaje. Chaskiy es el verbo "recibir". Por lo tanto, este "mensajero" es el/la que recibe, pero así como recibe también debe entregar (Ayni= Reciprocidad).
En los albores del Mosoq Pachakutiq, después de más de 500 años de haber sido acalladas las voces de nuestros Ancestros, en el Mosoq Wata (5.516) que inicia, donde conmemoramos el Intiq Raymin, y ante la solicitud, por la evidente necesidad espiritual de nuestros Hermanos y Hermanas de distintos Pueblos y Naciones, de armonizarse con la Madre Naturaleza y conocer la Cultura Andina, es que enviamos a nuestros Chaskiqkuna, Receptores del Conocimiento y Sabiduría Cósmica Ancestral (lo que no está escrito en los libros, sino que fue transmitido de boca a oído), a las Cuatro Direcciones para Entregar así como han Recibido, cumpliendo con el Principio de Reciprocidad Ayni.
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